A veces pienso que el sol nunca se pone
Y que como simple hebdomadario esférico, me engaña con la luna.
Que entre aires de fratricida pendencia, el grácil y consentido frío
Torna el aire más ligero y cortante; mientras que
La para mí no baladí luna lucha a muerte constantemente
En las postrimerías del día con el vesánico glauco.
¿Quién será declarado por el hiperíón amalgama triunfante,
Digna de germinar tras su puesta?
Lo cierto es que los cielos que conversan con las montañas del Valle de Aburrá,
Como verdad de Perogrullo, hipnotizan el circuir
De hoscos y huraños con el nacimiento eurítmico
Del astro femenil, digno de ser llamado masculino por germanófonos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario